
Yo miraba con ansiedad los rostros de los transeúntes con la vana esperanza de encontrar a uno de mis conocidos. Pero, ¿para qué si no me reconocerá, tal como sucedió con el "gemelo" de Evstáfiev? Y en caso de que alguno de ellos me reconozca, ¿qué le podría contestar?
Esto fue lo que sucedió.
– ¡Serguéi! ¡Serguéi Nikoláevich! -me gritó un individuo pequeño y canoso con una guayabera de gamuza, y a quien jamás había visto. "Sí, efectivamente él me llamó por mi nombre".
– Ven acá un minuto.
Me levanté y me acerqué a él.
– Te tengo una noticia, dijo agarrándome con confianza por el brazo. Te morirás de la sorpresa. Sichuk se quedó. En el último puesto fronterizo, el muy miserable se quedó. No sé si en Alemania o Turquía.
– ¿Cuál Sichuk? -indagué asombrado.
– ¿Y cuál puede ser? Sólo conocemos a un Sichuk. ¡Vaya!
Conocí a Sichuk en el frente de guerra. Ahora trabajaba como fotógrafo o como reportero, no sé exactamente. No manteníamos ninguna amistad y apenas nos veíamos.
No comprendía nada; pero teniendo en cuenta la situación en que me encontraba, fingí una gran sorpresa.
El desconocido liberó mi brazo y me golpeó amistosamente la espalda.
– Estás raro, Serguéi. ¿Acaso te importuno? ¿Por qué? ¿Estás ideando algo… o esperando a alguien? ¿Por qué no estás en la redacción?
Yo no tenía nada que ver con redacciones. La conversación había que terminarla, pues en ella se concentraba mucho carburante.
– Tengo que hacer -le respondí vagamente.
– Estás obrando con astucia, viejo -me dijo guiñando un ojo-. Bueno. ¡Hasta la vista!
Y así, tal como apareció, desapareció de mi vida.
Yo comenzaba a orientarme en lo desconocido, como un hombre que al ser lanzado al agua por primera vez aprende a nadar. La curiosidad reprimía mi terror e inquietud. ¿Qué había averiguado? Que aquí, tanto mi nombre como mi fisonomía, eran los mismos. Que Moscú, a pesar de tener algunos pequeños detalles diferentes, era Moscú. Que existen también Turquía y Alemania. Que tengo relación con una redacción. Y que en este mundo, Sichuk resultó ser también un miserable. Después de todo esto no me sorprendió, al descender por el bulevar hacia el cine "Rusia", encontrar a Lena. Yo debía encontrar a alguien que me conociese allá y aquí.
