Ésta es la historia de Marie. Sólo de Marie.

2

vichy


(Por supuesto que aunque tan crucial momento de la historia fuera justificación más que suficiente para explicar los acontecimientos que siguieron, por absurdos, sublimes o cobardes que llegaran a ser, cualquiera con un mínimo de perspicacia habría podido denostar el ridículo ascenso de este presuntuoso balneario a la categoría de metrópoli. Pero, con el vendaval de pasión patriótica que la derrota había traído a las llanuras de Francia, ¿qué cínico querría mantener los ojos tan abiertos? Yo, desde luego, no me atreví.)

Oh, sí. El mundo entero, si por tal se entiende el limitado escenario de los acontecimientos que me dispongo a relatar, recordaría con un escalofrío este 30 de junio, domingo, día en que Vichy, modesta villa carente en el fondo de cualquier vocación que no fuera la de purgar por igual a elegantes de la Belle Époque y a burgueses de más limitados recursos, se convirtió en la capital de Francia. ¡Ja! La Francia libre, nada menos, que pronto recorrería el arduo camino de la regeneración patria bajo el mando del anciano mariscal, un mando que los crédulos y los débiles se apresuraron a calificar de prudente pero firme y necesario. Vaya, eso dijeron hasta los cínicos de mi calaña, aunque no nos lo creyéramos. Bueno, el propio Philippe Pétain lo había proclamado en su discurso de armisticio (de rendición, en realidad): «El espíritu de placer se ha impuesto sobre el espíritu de sacrificio; por eso, habiendo eludido cualquier esfuerzo, los franceses se han encontrado frente a la desgracia».

Ya lo anunciaba el mariscal. Se había acabado la molicie. Y las desgracias de la patria a las que había aludido eran culpa de los franceses. Ahora les tocaba a ellos expiarlas por haber enfangado al país en el vicio y el descreimiento. En fin, así era el lenguaje de aquel tiempo.



6 из 388