Levanté el brazo y lancé una ojeada al reloj.

– Amigo, son las dos menos veinte de la madrugada, así que, cualquier cosa que venda, no me interesa. Estoy cansado y borracho y quiero irme a la cama. Tengo un despacho en la Alexanderplatz, o sea que hágame un favor y déjelo para mañana.

El hombre, un tipo agradable, con una cara de aspecto lozano y una flor en el ojal, me cerró el paso.

– No puede esperar hasta mañana -dijo con una sonrisa encantadora-; por favor, hable con él, sólo un minuto, se lo ruego.

– ¿Que hable con quién? -murmuré mirando hacia el coche.

– Aquí tiene su tarjeta.

Me la dio y yo me quedé mirándola fijamente con un aire estúpido, como si fuera un boleto de una tómbola. Él se inclinó y me la leyó, mirándola al revés.

– Doctor Fritz Schemm. Abogado alemán, de Schemm and Schellenberg, Unter den Linden, número 67. Es una buena dirección.

– No me cabe duda -dije-. Pero un abogado en medio de la calle y a estas horas de la noche y, además, de una firma tan prestigiosa… No pensará que creo en las hadas.

Pero, de cualquier modo, lo seguí hasta el coche. El chófer me abrió la puerta. Con un pie en el estribo, eché una ojeada al interior. Un hombre que olía a colonia se inclinó hacia delante, aunque sus rasgos quedaban ocultos en la oscuridad, y cuando habló, su voz era fría y poco hospitalaria, como alguien con estreñimiento.

– ¿Es usted Gunther, el detective?

– Exacto -dije-, y usted debe de ser… -fingí leer su tarjeta- el doctor Fritz Schemm, abogado alemán.

Pronuncié «alemán» con un énfasis deliberadamente sarcástico. Siempre he odiado esa palabra en las tarjetas y en los letreros por lo que sugiere de respetabilidad social; y todavía más ahora cuando -por lo menos, en lo que se refiere a los abogados- es algo redundante, ya que a los judíos se les prohibe la práctica de la abogacía. Yo no me describiría como «investigador privado alemán» más de lo que me llamaría «investigador privado luterano» o «investigador privado antisocial» o «investigador privado viudo», aunque sea, o haya sido en algún momento, todas estas cosas (ahora no se me ve mucho por la iglesia).



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