
A la una y cinco de la tarde aparecieron los niños, temblorosos, con ojos desorbitados; llegaron envueltos en una nutrida procesión de hieráticos sacerdotes y monjas. Luego se acercaron más clérigos con sotanas empapadas, enarbolando antorchas de un chisporroteo rojizo y cruces doradas.
Todo cuanto aconteció durante los doce minutos siguientes sólo puede ser calificado como milagroso.
Súbitamente, los niños Francisco, Jacinta y Lucía señalaron hacia los cielos sombríos y amenazadores.
Lucía dos Santos, de diez años, clamó casi como una criatura poseída:
– ¡Cerrad los paraguas! ¡Cerrad los paraguas y Ella detendrá la lluvia!
Esa imprecación de la pequeña campesina circuló por la búlleme muchedumbre.
– Por favor, señora, su paraguas…
– Senhor, su paraguas, haga el favor…
Y en ese instante, a las 13:18 h. del 13 de octubre de 1917, los negros nubarrones que habían encapotado el cielo desde el amanecer empezaron a hacerse jirones y disgregarse.
El expectante gentío, cristianos y escépticos por igual, miraron todos hacia arriba boquiabiertos, con las pupilas dilatadas.
Un brillo de oro bruñido iluminó los flecos de las nubes, y entonces el sol apareció entre centelleos cegadores.
– ¿Y la lluvia…? ¡Ha salido el sol!
– ¡Nuestra Señora está aquí!
Se arrodillaron por millares en el encharcado suelo.
Aquel extraño sol del comienzo de la tarde empezó a temblar y oscilar; luego giró sobre su eje con terrorífica velocidad. El dramatismo del momento fue inigualable.
El sol proyectó rayos violáceos y de un rojo deslumbrante. Una luz matizada pero brillante cayó sobre la pasmada multitud.
El corresponsal del New York Times escribió:
Ante las mentes y los ojos atónitos de aquellas gentes confusas y horrorizadas -cuya actitud se remontaba a los tiempos bíblicos, gentes empalidecidas por el terror, con cabezas descubiertas que osaban apenas mirar al cielo-, el sol tembló violentamente. El sol hizo movimientos «laterales» y «zambullidas» abruptas, algo jamás visto, al margen de toda posible ley cósmica. En fin, el sol bailó una danza macabra a través de los cielos.
