
– Dedicad una oración a Nuestra Señora, por favor -suplicó la pequeña Lucía dos Santos -. ¡Ella dice que la guerra terminará pronto! ¡Ella dice que esta vez se detendrá al diablo como una señal propicia!
– ¡Nossa Senhora! ¡Nossa Senhora!
Las plegarias resonaron por toda la amarillenta ladera.
– ¡Milagro!
– /Santa María! ¡Rogai por nos pecadores!
Una horda de hombres y mujeres rodeó espontáneamente a los tres niños, empezaron a golpearse el pecho y se desgañitaron. Una joven de la buena sociedad lisboeta cayó de hinojos y lloró como un bebé:
– ¡Mai de Jesús, la estoy viendo…! ¡Qué hermosa es…! ¡La Madre de Cristo ha regresado a la tierra, aquí en Fátima! ¡Nuestra Señora está hablando a los niños!
LIBRO PRIMERO
¿Has creído alguna vez? ¿Acaso
recuerdas ese sentimiento?
¿Qué es en lo que crees ahora?
¿En ti mismo?
¿En nada de nada?
¿Cuál es verdaderamente tu creencia
en este justo momento?
FRAGMENTO DE The Signs of the Virgin
UNO
EDUARDO ROSETTIRoma, 30 de julio de 1987
Eduardo Rosetti tenía esa apariencia llamativa que suele acarrear dificultades y azoramiento a un sacerdote. Su constitución física era la de un obrero y dejaba entrever muchos años de dura labor al aire libre. Su sonrisa era cálida, conciliadora, franca.
Mientras caminaba, el padre Rosetti se sorprendió a sí mismo contemplando con mirada extática las entrañables cúpulas doradas y relucientes, las cruces de mil kilos y los capiteles de la Basílica de San Pedro.
