
A su madre le preocupaba ese cambio. No se consideraba de buen gusto político leer ningún libro excepto las Citas del presidente Mao. Sin embargo, su padre, estudioso del neoconfucionismo, predijo que estudiar en el parque podría serle propicio. Según la antigua teoría del wuxing, de los cinco elementos a Chen le faltaba un poco de agua, de modo que cualquier lugar asociado con el agua le beneficiaría. Años más tarde, cuando intentó hallar información sobre esa teoría no encontró nada. Quizá había sido inventada para él.
Aquellas mañanas en el parque le sostuvieron durante los años de la Revolución Cultural, y en 1977 entró en la Universidad de Lenguas Extranjeras de Beijing, tras haber obtenido una puntuación máxima en inglés en el recién recuperado examen de ingreso en la universidad. Cuatro años más tarde, debido a otra mezcla de circunstancias, le asignaron un trabajo en el Departamento de Policía de Shanghai.
Vista en retrospectiva, la vida de Chen parecía estar llena de causalidades de yin y yang fuera de lugar, igual que estaba fuera de lugar aquel libro en el parque o su juventud en aquellos años. Una cosa condujo a otra, y después a otra, de modo que el resultado apenas podía reconocerse. La cadena de la causalidad quizá era más complicada de lo que a los escritores de misterio occidentales, cuyas obras él traducía en su tiempo libre, les gustaría admitir.
La fresca brisa de abril llevó hasta sus oídos una melodía procedente del gran reloj que había en lo alto del edificio de Aduanas de Shanghai. Las seis y media. Durante la Revolución Cultural sonaba otra melodía: «Oriente es rojo». El tiempo se escurría como el agua.
A principios de los años noventa, bajo la reforma económica de Deng Xiaoping, Shanghai había cambiado extraordinariamente. Al otro lado de la calle Zhongshan, una larga panorámica de magníficos edificios que habían alojado a las más prestigiosas empresas occidentales a principios de siglo y a las instituciones del Partido comunista después de 1950, ahora acogían de nuevo con agrado a las compañías occidentales, en un esfuerzo por lograr que el Bund tuviera la categoría de Wall Street en China.
