– Todavía está en el quirófano.

– Espero que se ponga bien.

No necesitaba cargar con el peso de las heridas de un hombre sobre su conciencia.

– ¿Tiene hambre? ¿Le han dado bien de comer?

– Estoy bien -era incapaz de imaginarse volviendo a comer otra vez-. Lo siento, no sé cómo se llama.

– Keane. Tanner Keane.

– Señor Keane, supongo que mi familia lo ha contratado para que me rescatara.

– Sí, su marido y su padre vinieron a verme hace unos días. Habían contratado a otra empresa para que la liberara después de su secuestro, pero no habían conseguido nada -se encogió de hombros-. Yo soy el mejor.

Interesante. ¿Por qué iba a contratar Christopher a alguien que no fuera el mejor? Él odiaba tratar con cualquiera que no estuviera completamente cualificado. Intentó concentrarse en aquella cuestión, en encontrarle algún sentido. Pero la falta de sueño se lo impedía. Tenía que ser una cuestión de dinero.

– ¿Cuánto pedían de rescate?

– Veinte millones.

Madison sintió que la cabeza comenzaba a darle vueltas.

– Eso es mucho dinero -se acercó a la cama para sentarse-. ¿Y lo han pagado?

– Tendrían que pagarlo… -Tanner miró el reloj-, dentro de un par de horas. Interceptaremos ese dinero y se lo devolveremos a su familia.

– ¿Lo ha contratado mi padre?

– Y su marido. Ambos estaban muy preocupados. Esta situación también ha sido muy difícil para ellos.

Madison resistió las ganas de echarse a reír.

– Señor Keane, no quiero volver con mi familia.

Tanner arqueó lentamente las cejas.

– ¿Por qué?

– ¿Necesita que le dé una razón? ¿No puede limitarse a dejarme marchar?

– Mi contrato deja claro que debo llevarla con ellos. Debería haberlo hecho inmediatamente, pero la atención médica de Kelly era algo prioritario.

– Lo sé. Es sólo que… -se quedó mirándolo fijamente, preguntándose hasta qué punto sería capaz de comprenderla-. A menos que también pretenda mantenerme cautiva, creo que debería ser libre para marcharme.



8 из 135