
— Al contrario — dijo, y Brant pensó que jamás había escuchado una voz tan grave y hermosa —. Los entendemos perfectamente. Encantados de conocerlos.
Por un instante el comité de recepción los miró en silencio estupefacto. Pero no hay de qué sorprenderse, pensó Brant, si comprendemos el habla de dos mil años atrás sin la menor dificultad. A partir del invento de los aparatos de grabación del sonido, las pautas fonémicas de los idiomas quedaron fijas para siempre. Se ampliaban los vocabularios, cambiaban la gramática y la sintaxis, pero la pronunciación no sufría modificaciones.
La alcaldesa Waldron fue la primera en recuperar el habla:
— Bien, eso facilita las cosas — dijo sin mucha convicción — ¿De dónde vienen? Perdimos contacto con nuestros… digamos, vecinos cuando se destruyó nuestra antena espacial.
El hombre mayor miró a su compañero, hombre más alto que él, y ambos intercambiaron mensajes con la mirada. Luego se volvió hacia la alcaldesa.
Y cuando formuló su inconcebible afirmación, su hermosa voz estaba embargada por la tristeza:
— Tal vez les cueste creerlo — dijo —, pero no venimos de una colonia sino directamente desde la Tierra.
II — MAGALLANES
6 — Descenso
Antes de abrir los ojos, Loren ya sabía perfectamente dónde se hallaba. Cosa que no dejó de sorprenderle, teniendo en cuenta que acababa de despertar de un sueño de doscientos años. Lo más lógico hubiera sido sentir alguna confusión, pero recordaba su última anotación en el libro de bitácora como si hubiera sido ayer. Y aparentemente no había soñado una sola vez, cosa que agradecía profundamente.
Con los ojos cerrados se concentró en los demás canales sensoriales, uno por uno: un reconfortante murmullo de voces suaves; el permanente siseo del sistema de filtración de aire; una corriente de aire casi imperceptible que llevaba un agradable olor a antiséptico a su nariz.
