
«Repetiré mi informe de lo que hemos hallado para que los recién venidos estén al tanto. Lógicamente, apenas penetramos en el sistema sintonizamos todas las frecuencias. Nada, ni siquiera una pérdida de energía.
«Al acercarnos comprendimos que eso no significaba nada. La ionosfera de Thalassa es muy densa, las trasmisiones en onda corta y media no podrían atravesarla. Las microondas sí, desde luego, pero tal vez no las necesitan o bien no hemos podido interceptar ninguna.
«Bueno, sea como fuere, hay una civilización floreciente allá abajo. Cuando sobrevolamos el lado oscuro vimos luces de ciudades, no sabemos si grandes o pequeñas. Fábricas pequeñas, tráfico costero de naves menores e incluso un par de aviones que volaban a quinientos kilómetros por hora, suficiente para llegar de un extremo a otro de la tierra firme en quince minutos.
«Evidentemente, una comunidad de esas dimensiones no necesita mucho trasporte aéreo. La red caminera es buena. Lo que no hemos podido detectar son comunicaciones ni satélites. Ni siquiera un satélite meteorológico… claro que tal vez no lo necesitan, lo más probable es que los barcos no se alejen de tierra. Y hablando de tierra firme, no hay otra aparte de las tres islas.
«Pues bien, ésa es la situación. Muy interesante, y una sorpresa muy agradable. Al menos eso espero. ¿Preguntas? ¿Señor Lorenson?
— ¿Hemos tratado de contactarlos, señor?
— Todavía no, nos pareció mejor esperar a conocer su nivel de desarrollo. El golpe podría ser muy duro para ellos.
— ¿Saben de nuestra presencia?
— Probablemente no.
— Pero… el empuje de la nave… ¡no pueden dejar de verlo!.
La observación era muy justa, puesto que un estratorreactor cuántico funcionando a toda máquina presentaba una de las vistas más espectaculares jamás creadas por el hombre. El resplandor era tan fuerte como el de la bomba atómica, y no duraba unos cuantos milisegundos sino meses…
