
— Es posible… pero lo dudo. Nos encontrábamos al otro lado del sol cuando frenamos. El resplandor nos ocultó.
Fue entonces que alguien hizo la pregunta que rondaba por todas las mentes:
— Capitán… ¿habrá que modificar nuestros planes?
— A esta altura es imposible saberlo — dijo Sirdar Bey, con una mirada pensativa al que había formulado la pregunta —. La presencia de algunos cientos de miles de seres humanos, si ésa es la población — facilitaría las cosas. Nuestra estada podría resultar mucho mas agradable. Claro que también puede suceder que no nos quieran… — Se encogió de hombros — : Acabo de recordar un consejo que un viejo explorador dio a uno de sus colegas. Si uno supone que los nativos son amistosos, generalmente lo son. Y viceversa…
«Por consiguiente, supondremos que son amistosos hasta que se demuestre lo contrario. Y si eso ocurre…
La mirada del capitán se endureció, y añadió en el tono de un comandante que acaba de efectuar una travesía de cincuenta años luz en una gran nave
«Yo no soy de los que creen en el derecho que da la fuerza… pero siempre es bueno ser el más fuerte.
7 — Amos de los últimos días
Le costaba creer que estaba despierto, que la vida volvía a empezar.
El capitán de corbeta Loren Lorenson sabía que jamás podría olvidar la tragedia que había acechado a cuarenta generaciones y había alcanzado su culminación durante su propia vida. Lo obsesionaba un temor, que ni siquiera la vista de ese bello y misterioso mundo oceánico bajo el Magallanes podía disipar: ¿que imágenes vendrán a mi mente esta noche, la primera de sueño natural después de doscientos años?
Había presenciado escenas que nadie podría olvidar, que obsesionarían a la humanidad hasta el fin de los tiempos.
