– ¿Cuál es el chiste? -preguntó él.

Pero Shea sacudió la cabeza.

– Nada interesante -contestó ausente mientras lo evaluaba por primera vez.

David Aston era bastante atractivo, con el pelo y ojos oscuros.

¿Un llorón? ¿Un enclenque? La descripción de Niall se le pasó por la cabeza y la apartó con sensación de culpabilidad. No, David era simplemente, bueno, un poco aburrido. Eso no quería decir que fuera un llorón.

Sin embargo, una cosa era cierta, reconoció Shea. Ella sabía que no la atraía. Ni ningún otro hombre. Y eso había sido así durante tanto tiempo…

Shea se removió agitada y se quitó con rapidez aquellas reflexiones de la cabeza.

– Entonces, ¿cómo crees que será la agenda para esta noche?

– Dejamos algunos puntos por discutir en la reunión del mes pasado -dijo con ansiedad David mientras giraba en la calle que conducía al centro de la ciudad-. Creo que alguien ha sugerido manifestarse ante el ayuntamiento contra el alcantarillado. No creo que eso sea un comportamiento aceptable.

Shea enarcó las cejas.

– ¿Así que no estás por la resistencia pasiva?

– Por supuesto que no. No veo el punto de exhibirse a sí mismo. Hay otras formas, bueno, más civilizadas de hacer las cosas.

– ¿Discusiones maduras? -sugirió Shea.

David se apartó el pelo negro de la frente.

– Por supuesto. La gente asocia las manifestaciones con el estilo de vida hippie. ¿No crees, Shea?

Shea se mordió el labio mientras reflexionaba. Había un buen número de gente con estilos de vida alternativos viviendo en Byron Bay y a Shea le parecía bien. Miró de soslayo a David y vio que tenía los labios apretados con desaprobación.

– Creo que la mayoría de la gente se movilizaría si fuera para conseguir algo.

– Pero hay canales adecuados. Es tan desagradable ver manifestarse a todos esos melenudos, con aspecto sucio.



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