Salir de un coma es como nacer otra vez. Lauren necesitaba tener a su familia al lado. Y su única familia eran su madre y un novio con el que continuó. ¿Qué soy yo para ella sino un desconocido? En cualquier caso, no soy quien le hará descubrir que todos los que la rodean aceptaron que se la dejase morir. Yo no tenía derecho a quebrar el frágil equilibrio que tanto necesitaba.

»Su madre me suplicó que no le dijera que también ella había renunciado. El neurocirujano me juró que eso provocaría un choque del que tal vez no se recuperase. Su novio, que volvió a entrar en su vida, ha sido la última barrera que se ha alzado entre ella y yo.

»Sé lo que estás pensando. La verdad está en otra parte, el miedo es plural. Me hizo falta tiempo para admitir que tuve miedo de no saber conducirla hasta el final de mis sueños; miedo de no estar a su altura; miedo de no querer realizarlos; miedo, finalmente, de no ser el hombre que ella esperaba; miedo de admitir que ella me había olvidado.

»Mil veces he pensado en buscarla, pero también entonces he tenido miedo de que ella no me crea, miedo de no saber reinventar nuestras risas, miedo de que ella ya no fuese aquella a quien amé y, sobre todo, miedo de perderla de nuevo; para eso no habría tenido fuerzas. Me marché a vivir al extranjero para alejarme de ella. Pero no hay distancia lo bastante grande cuando se ama a alguien. Bastaba con que una mujer en la calle se le pareciera para que yo creyera que la veía; o que mi mano garabatease su nombre en una hoja de papel para hacerla aparecer; que cerrara los ojos para ver los suyos, o que me encerrara en el silencio para oír su voz. Y durante este tiempo, me he equivocado con el proyecto más bonito de mi carrera. He construido un centro cultural con la fachada embaldosada: ¡parece un hospital!

»Al marcharme, también estaba huyendo de mi cobardía.



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