Y, ¿cómo era posible que tuviera unas costillas salientes como las de un caballo muerto de hambre… y al mismo tiempo una barriga cada día más abultada? Palpó la carne blanda y pensó que sería debido al exceso de almidones en su dieta, y a que pasaba la mayor parte del tiempo sentado en su cuchitril. Pero al menos la grasa no deformaba su rostro. Su frente era un poco más alta cada año, pero esto no representaba ningún problema mientras llevara el pelo muy corto. Acabas de cumplir los treinta, se dijo a sí mismo, y las arrugas ya empiezan a invadir tus ojos. Y tu nariz es demasiado grande… ¿No era tío Brian el que decía siempre que eso era debido a que había sangre galesa en la familia? Y tus colmillos sobresalen también un poco, de modo que cuando te ríes recuerdas a una hiena. Eres un buen mozo, Andy Rusch, ¿y cuándo fue la última vez que tuviste una cita? Gruñendo para sus adentros, fue en busca de un pañuelo para sonarse su impresionante nariz galesa.

Había un solo par de calzoncillos limpios en el cajón del armario, y Andy los sacó; esa era otra de las cosas que tenía que recordar hoy, el lavado de la ropa. El chirriante sonido llegaba aún del otro lado del tabique cuando Andy empujó la puerta de comunicación.

—Vas a pillar una enfermedad coronaria, Sol —le dijo al hombre de barba gris que estaba encaramado sobre la bicicleta sin ruedas, pedaleando con tanto afán que el sudor se deslizaba por su pecho hasta la toalla de baño, que llevaba atada alrededor de la cintura.

—Ni hablar de coronarias —boqueó Solomon Kahn, sin dejar de pedalear—. He estado haciendo esto todos los días durante tanto tiempo, qué mi corazón lo echaría de menos si no lo hiciera. Y tampoco hay colesterol en mis arterias, ya que los lavajes regulares con alcohol se encargan de eso. Y ni hablar de cáncer de pulmón, puesto que no podría permitirme fumar incluso si deseara hacerlo, cosa que no deseo. Y a mis setenta y cinco años nada de prostatitis, porque…



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