
Había un solo par de calzoncillos limpios en el cajón del armario, y Andy los sacó; esa era otra de las cosas que tenía que recordar hoy, el lavado de la ropa. El chirriante sonido llegaba aún del otro lado del tabique cuando Andy empujó la puerta de comunicación.
—Vas a pillar una enfermedad coronaria, Sol —le dijo al hombre de barba gris que estaba encaramado sobre la bicicleta sin ruedas, pedaleando con tanto afán que el sudor se deslizaba por su pecho hasta la toalla de baño, que llevaba atada alrededor de la cintura.
—Ni hablar de coronarias —boqueó Solomon Kahn, sin dejar de pedalear—. He estado haciendo esto todos los días durante tanto tiempo, qué mi corazón lo echaría de menos si no lo hiciera. Y tampoco hay colesterol en mis arterias, ya que los lavajes regulares con alcohol se encargan de eso. Y ni hablar de cáncer de pulmón, puesto que no podría permitirme fumar incluso si deseara hacerlo, cosa que no deseo. Y a mis setenta y cinco años nada de prostatitis, porque…
