
—Sol, por favor… ahórrame los detalles de mal gusto: tengo el estómago vacío. ¿Te sobra un cubito de hielo?
—Coge dos: hace mucho calor. Y no dejes la puerta abierta demasiado tiempo.
Andy abrió el pequeño refrigerador apoyado contra la pared y sacó rápidamente el envase de plástico de la margarina; luego dejó caer dos cubitos de hielo de la bandeja en un vaso y cerró la puerta de golpe. Llenó el vaso de agua del tanque de la pared y lo colocó sobre la mesa, junto a la margarina.
—¿Has comido ya? —preguntó.
—Lo haré contigo. Este cacharro debe estar ya sobrecargado.
Dejó de pedalear, y el chirrido fue extinguiéndose con una especie de lamento hasta que se desvaneció del todo.
Desconectó los cables del generador eléctrico montado en el eje trasero de la bicicleta y los enrolló cuidadosamente para dejarlos junto a las cuatro negras baterías de automóvil colocadas encima del refrigerador. Luego, después de secarse las manos en su manchada toalla-sarong empujó uno de los asientos de cuero, rescatados de un antiguo Ford 1975, y se sentó frente a Andy.
—He oído las noticias de las seis —dijo—. Los Ancianos están organizando otra marcha de protesta para hoy sobre la oficina central de beneficencia. ¡Ahí verás coronarias!
—No las veré, a Dios gracias, ya que no entro de servicio hasta las cuatro, y la Plaza de la Unión no pertenece a nuestro distrito. —Abrió el envase del pan y sacó una de las rojizas galletas de quince centímetros de lado; luego empujó el envase hacia Sol. Extendió una delgada capa de margarina sobre la galleta y dio un bocado, frunciendo la nariz mientras masticaba—. Creo que esta margarina se ha puesto rancia.
—¿Cómo puedes decir eso? —gruñó Sol, mordiendo a su vez una de las galletas, sin untaría—. Cualquier cosa fabricada con aceite de máquinas y esperma de ballena sabe a rancio desde el primer momento.
—Estás hablando como un naturista —dijo Andy, engullendo su galleta con la ayuda de un trago de agua fría—. Las grasas elaboradas con productos petroquímicos apenas tienen sabor, y sabes que ya no quedan ballenas, de modo que no pueden utilizar esperma: no es más que un buen aceite de clorela.
