Le apartó un mechón y se inclinó hacia su rostro hasta rozarle los labios con los suyos. Al separarse, ella se removió y abrió los ojos. Se le escapó un débil suspiro y sonrió.

Jake la observó con recelo. Era obvio que buscaba algo, o de lo contrario no se habría metido en la cama con él. Era una actitud bastante descarada, teniendo en cuenta que los padres de Caley estaban durmiendo en el otro extremo del pasillo, pero Caley siempre había sido conocida por su descaro, y parecía que se había vuelto aún más audaz desde la última vez que la vio. Al fin y al cabo vivía en Manhattan… Jake había visto Sexo en Nueva York y sabía cómo eran las mujeres solteras de la Gran Manzana.

– ¿Quieres que vuelva a besarte? -le susurró.

– Umm… -murmuró ella, apoyando la cabeza en su pecho desnudo.

«Umm» podría interpretarse como una respuesta negativa, pero Jake decidió que, combinado con su adormilada sonrisa, sugería lo contrario.

Se estiró junto a ella, entrelazó las manos en sus cabellos y la besó suavemente en los labios. Ella pareció fundirse con él, apretándose contra su cuerpo mientras otro suspiro escapaba de su garganta. En su juventud, besar a Caley se había convertido en una obsesión, y ahora se hacía por fin realidad. Jake estaba fascinado por las sensaciones que recorrían sus venas.

¡Sólo era un beso! Pero era como si todo el deseo contenido desde su juventud hubiera sido liberado de repente. Y ahora podía imaginarse qué podría pasar entre ellos…

Su reacción al beso había sido tan inmediata como intensa. Había pasado mucho tiempo desde que había estado con una mujer. Durante el último año se había sorprendido buscando algo muy difícil de encontrar… una mujer fuerte e independiente que no tuviera miedo de ser ella misma. Estaba harto de aquellas mujeres que se adaptaban a sus gustos en un intento por agradarlo.



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