Sonrió. Una vez habían atrapado una ardilla y la habían soltado en el coche del jefe de policía. En otra ocasión le habían robado una bicicleta al abusón del pueblo. A la mañana siguiente, el chico encontró la bici balanceándose en el agua, junto a la playa pública. Aquella proeza les hizo ganarse la admiración de muchos, aunque nunca admitieron ser los responsables. Y otras muchas veces se refugiaban en su «fortaleza», una cabaña abandonada en la orilla oriental del lago.

La casa estaba oscura y en silencio. Nadie cerraba la puerta cuando la familia estaba en casa. Caley permaneció de pie en el amplio vestíbulo y respiró hondo para aspirar el olor familiar… agua, hojas, madera barnizada y velas de vainilla que a su madre le gustaba encender para contrarrestar la humedad del aire. Tiempo atrás Caley había conocido cada rincón de aquella casa. Había sido su castillo particular.

Subió lentamente por la escalera y recorrió el pasillo hacia su dormitorio. Pero cuando empujó la puerta vio que la habitación ya estaba ocupada… por los hijos de Evan. Dos en la cama y el más pequeño en una cuna portátil. Cerró con cuidado la puerta y siguió por el pasillo. Seguramente Emma tendría espacio en su cama. Entró en la habitación de su hermana y cerró la puerta tras ella. Dejó la bolsa en el suelo y caminó hacia la cama. Hacía frío, y Emma estaba arropada con un edredón y con la cabeza bajo la almohada.

– Emma… -susurró Caley junto a la cama, quitándose la chaqueta y los zapatos. Emma siempre había tenido el sueño muy profundo.

Caley se sentó en el borde de la cama. Quizá hubiera un sofá vacío por alguna parte, pero estaba demasiado cansada para ponerse a buscar. Dormiría algunas horas y por la mañana iría al hotel.

Se quitó los vaqueros y se metió bajó el edredón, tapándose hasta la barbilla. Cerró los ojos y recordó el último verano que había pasado en la casa del lago. Jake había vuelto a casa por vacaciones después de su segundo año en la universidad, y nada más verlo, Caley había perdido la cabeza por él. Era tan guapo y sexy que no podía vivir sin él.



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