—Muy bien — dijo Finchley —. Ahora escuchen.

La banda sonora de la película comenzó a emitir.

Martino había empezado a azotar la litera, y su metal arrancaba chispas a la pared.

Rogers parpadeó.

Bruscamente, el hombre comenzó a balbucear en sueños. Las palabras brotaban, y cada sílaba era clara. Pero las palabras eran mucho más rápidas que lo normal, y la voz era desesperada:

—¡Nombre! ¡Nombre! ¡Nombre!

—Nombre Lucas Martino, nacido en Bridgetown, Nueva Jersey, el diez de mayo de mil novecientos cuarenta y ocho, sobre…

—¡Media vuelta! ¡Atención… de frente…! ¡Marchen!

—¡Nombre! ¡Nombre! ¡Atención… Alto!

—Nombre Lucas Martino, nacido en Bridgetown, Nueva Jersey, el diez de mayo de mil novecientos cuarenta y ocho.

Rogers notó que Finchley le tocaba el brazo.

—¿Cree que le hicieron caminar?

Rogers se encogió de hombros.

—Sí, se trata de una verdadera pesadilla, y si ese hombre es Martino, entonces sí, parece como si le hubieran hecho caminar de un lado a otro en una pequeña habitación mientras le disparaban preguntas. Ya conoce su técnica: obligar a un hombre a mantenerse de pie, a moverse, mientras ellos no cesan de interrogarlo. Los equipos se turnan cada unas cuantas horas, de manera que siempre están frescos. Al sujeto no lo dejan ni dormir ni sentarse. Lo hacen caminar hasta que acaba por delirar. Sí, podría tratarse de eso.

—¿Cree usted que ha fingido?

—No lo sé. Pudiera haberío hecho. Pero también puede ser que estuviese dormido. Quizá es uno de sus hombres, y soñaba que nosotros intentábamos arrancarle su historia.

Al cabo de un rato, el hombre quedó quieto en la litera, los antebrazos rígidamente levantados desde los codos, las manos contraídas como rígidas garras. Parecía mirar directamente a la cámara con su cara de forma aerodinámica, y nadie hubiera podido saber si estaba despierto o dormido, pensando o no, temeroso o sintiendo dolor, o quién o qué era.



12 из 178