Finchley detuvo el proyector.


Rogers llevaba despierto treinta y seis horas. Había transcurrido ya todo un día desde que el hombre cruzó la frontera. Rogers se refrotó coléricamente los ardientes ojos cuando penetró en su apartamento. Fue dejando sus prendas en un desordenado reguero sobre la vieja y raída alfombra mientras se dirigía al cuarto de baño. Al hurgar en el armarito de las medicinas para buscar un Alka-Seltzer, envidió a los membrudos hombrecitos como Finchley, que podían estar despiertos durante días sin que su estómago se resintiera de ello.

Los rechinantes tubos llenaron lentamente de agua caliente la bañera mientras él se afeitaba con una navaja. Se pasó los dedos a través del espeso, rizado cabello rojo y frunció el ceño al ver la caspa que se había desprendido.

«Dios», pensó extenuadamente, «tengo treinta siete años y estoy destrozado»

Y cuando se deslizó en la bañera y sintió los efectos del agua caliente en la estropeada cadera donde le habían acertado con una piedra durante un tumulto, se miró el vientre, cuyo abultamiento no podía disminuir ya ningún ejercicio, y el pensamiento se hizo aún más intenso. «Unos pocos años más y seré una verdadera ruina. Cuando venga el tiempo húmedo, esta cadera me va a hacer pasar ratos malísimos. Antes era capaz de permanecer de pie dos o tres días seguidos, pero eso no voy a poder hacerlo de nuevo nunca más. Algún día voy a intentar efectuar algún ejercicio que podía hacer la semana anterior, y no me va a ser posible realizarlo. Y algún día también voy a tomar una decisión o voy a hacer cualquier cosa que tenga que salir bien. Yo sabré que va salir bien… pero saldrá mal. Empezaré a hacer cosas mal, y después de cada una de ellas me entrarán sudores al recordar cómo me he equivocado. La idea empezará a preocuparme, a acosarme, y tendré que vivir con dexedrina. Si los jefes se dan cuenta de ello a tiempo, me proporcionarán un hermoso empleo inofensivo en un rincón cualquiera. Y si no se dan cuenta a tiempo, uno de estos días Azarín acabará por derrotarme completamente, y entonces los niños de todo el mundo hablarán chino.»



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