Necesito a un… no sé cómo demonios lo llaman… un hombre entendido en aparatos mecánicos en miniatura, con tantos ayudantes competentes como le permitan. También deseo que venga un experto en el arte de la vigilancia. Y un psicólogo. Ambos deben traer también el personal necesario, y convenientemente autorizado. Quiero que estos tres hombres claves vengan aquí esta noche o mañana por la mañana. La cantidad de hombres que van a necesitar es una cosa que deben decidir ellos mismos, pero deseo disponer de las autorizaciones para que ningún sello rojo les impida iniciar su trabajo. Lamento muchísimo el que a nadie se le haya ocurrido jamás ahondar en el personal clave lleno de alergias a la droga de la verdad.

—Rogers, ¿qué es lo que ocurre? ¿Qué es lo que anda mal? Sus oficinas no se hallan equipadas para un proyecto como ése.

—Lo siento, señor. No me atrevo a trasladarlo. En esta ciudad hay demasiados lugares sensitivos. Lo he traído aquí y lo he introducido en una celda. He tomado todas las malditas precauciones posibles para que ni siquiera se acerque a mi oficina. Dios sabe en pos de qué va, o qué puede ser capaz de hacer.

—Rogers… ¿ha atravesado Martino esta noche la frontera o no la ha atravesado?

Rogers vaciló.

—No lo sé — contestó.


Rogers hizo caso omiso de la habitación llena de hombres que esperaban y permaneció mirando los dos dossiers, no tanto pensando como agrupando sus energías.

Ambos dossiers estaban abiertos en la primera página. Uno era grueso, y estaba lleno de los resultados de una investigación de seguridad, de informes, de resúmenes sobre el progreso de la carera y de todos los demás datos que a lo largo de los años se acumulan en torno a un empleado del gobierno. En un rótulo decía: Martino, Lucas Anthony. La primera página se componía de los acostumbrados datos de identificación: altura, peso, color de los ojos, color del cabello, fecha de nacimiento, huellas dactilares, plano dental, marcas o cicatrices capaces de distinguirle. Había una serie de fotografías que le habían sido tomadas desnudo. Eran la parte delantera, la parte trasera y los dos perfiles de un hombre musculoso de rasgos controlados y agradablemente inteligentes y de nariz ligeramente gruesa.



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