— ¿Y una vez allí?

— Una vez allí, el frío mar de Ojotsk nos dará probablemente algún disgusto. Este odioso rincón del Océano Pacífico siempre prepara alguna encerrona a los barcos que se dirigen hacia Kamchatka. Las tempestades repentinas, las nieblas, la lluvia y la nieve son allí constantes, sobre todo en primavera y otoño. Ahora que a nosotros, nos servirá para prepararnos a las condiciones polares.




Gracias a la quietud del mar, todos durmieron y descansaron aquella noche perfectamente de después del ajetreo y las preocupaciones de los preparativos del viaje. Pero al día siguiente se justificaron las predicciones de Trujánov. El barómetro descendió bruscamente, sopló un fuerte noroeste, el cielo se cubrió de nubarrones grises y empezó a caer una fina lluvia otoñal. A la altura del cabo de la Paciencia, elEstrella Polarviró casi hacia el Este y entró en el mar de Ojotsk, alejándose más y más de Sajalín. Comenzó un fuerte balanceo y los viajeros pasaron una noche muy inquieta.

Al día siguiente el tiempo no mejoró. Se sucedían la lluvia y la nieve. Las olas oscuras, coronadas de blancas crestas de espuma, pegaban rítmicamente contra babor, salpicando toda la cubierta. Tuvieron que quedarse en la sala de oficiales charlando para pasar el tiempo. Pápochkin y Socavói, que soportaban mal el balanceo, no aparecieron a la hora del desayuno ni a la llora del almuerzo. El capitán sólo abandonaba por poco tiempo su puesto. Felizmente la tormenta no era fuerte e inclusoamainó durante la noche. A la mañana siguiente apareció por delante la masa oscura de la isla de Paramushir, la más grande de la parte septentrional de las Kuriles y, a la derecha, otras islas más pequeñas, las de Makanrushi y Onekotán, con el volcán de Toorusir del que ascendía una espesa columna de humo.



13 из 341