
La misma causa produce la hermosa ilusión que podemos admirar por la ventana. En el momento del giro se crea la impresión de que el universo entero se mueve para dar vueltas alrededor de la nave: ¡y es un espectáculo indescriptible!
Como he mencionado ya, la ausencia de peso se hizo tan común que ni la notamos. Pero recuerdo bien cuántas conversaciones suscitó esta característica de la nave, que Kamov tuvo que respetar velando por el interés de los estudios astronómicos. La creación de un peso artificial mediante una rápida rotación complicaría el trabajo del telescopio. Por eso, la Comisión Estatal permitió finalmente que se prescindiera de esa comodidad, tanto más cuanto que los más eminentes médicos de la Unión Soviética declararon que el estado de imponderabilidad en nada perjudicaba al organismo humano. Por esa misma razón, Kamov desistió de acondicionar la temperatura interna de la nave mediante la pintura de la superficie externa con unas escamas movedizas — método sugerido ya por Tziolkowski —. Las revoluciones de la astronave alrededor del eje longitudinal daban la posibilidad de dirigir el telescopio a cualquier parte.
Cabe mencionar un detalle de suma importancia. La puerta redonda está siempre cerrada con una tapa hermética. Al trasladarnos de un compartimiento al otro, tenemos que cerrar todas las puertas — lo que se hace por la simple presión de un botón— porque el espacio interplanetario no es un vacío. Se mueven en él innumerables partículas de materia, desde el tamaño de una partícula de polvo hasta enormes masas. Según la opinión de Kamov, el encuentro de la nave con tales cuerpos errantes es casi imposible, pero podría ocurrir en un caso excepcional. Si una de esas piedras chocara contra la nave, en vista de la enorme velocidad de ambos cuerpos, se produciría una explosión más o menos violenta. En la superficie de la nave se formaría una brecha, por la que se precipitaría el aire contenido en su interior. En pocos segundos toda la tripulación perecería. Pero encontrándose la nave dividida en trozos herméticamente cerrados, semejante fin de la expedición se torna improbable.
