EN CAMINO

10 de setiembre, según el calendario terrestre.

Dentro de ciento veinte horas llegaremos a Venus. Se aproxima el fin de la primera etapa de este largo viaje. ¡Cuan lejano e inaccesible parecía de lejos ese planeta luminoso cuyo hermoso brillo vemos en las horas matinales y del atardecer desde nuestra Tierra…! y ahora nos encontramos cerca de él.

¡Cerca…! Es evidente que la constante compañía de los astrónomos me acostumbró a los conceptos astronómicos, si digo que una distancia superior a quince millones de kilómetros me parece corta.

Venus se encuentra ahora entre nosotros y el Sol, mostrándonos su zona no iluminada, pero la vemos sobre el fondo del disco solar, y ambos astrónomos están en constante observación, tarea que les resultaría imposible realizar en la Tierra.

He terminado todo el programa de fotografías que se me encomendara para esta etapa de la travesía. Hubo tanto trabajo, que durante los dos meses transcurridos no tuve tiempo libre para continuar las anotaciones en mi diario.

Todas las películas y negativos han sido revelados y controlados: son irremplazables. Paichadze me ayudó a llenar las tarjetas correspondientes a cada fotografía. A pesar de su enorme actividad, este hombre encuentra siempre tiempo para ayudarme; es infatigable. Trabaja largas horas en el observatorio olvidando el reposo.

Belopolski no se queda rezagado. Además de sus trabajos astronómicos, tiene que solucionar, junto con Kamov, los complicadísimos cálculos diarios sobre el derrotero y la posición.

Aunque en la Tierra ya habían sido preparados los cálculos completos para todo el trayecto, Kamov considera necesario hacerlos nuevamente aquí, día por día. Los resultados se comparan con los anteriores y aún no se han registrado diferencias. En el espacio infinito nuestra nave vuela como si anduviera sobre rieles invisibles. Hacemos más de dos millones de kilómetros en las 24 horas y es fácil comprender que la menor falla en el cálculo nos llevaría lejos del pequeñísimo punto que representa en este espacio el planeta Venus, «la hermana de la Tierra», casi idéntica a ella por su volumen y masa.



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