
— Vegetal — completó Kamov.
— ¿Usted quiere decir que no hay vida animal? — pregunté yo.
— Sólo quiero insinuar que el hecho de, que haya vida en Venus no ha de interpretarse como si esa vida fuera igual a la de la Tierra — contestó Kamov.
— ¿Pero podrían existir, en los océanos, por ejemplo, los seres más primitivos?
— Podrían, pero no necesariamente. La ciencia considera que si en alguna parte existen condiciones que favorecen la aparición de la vida, ésta ha de surgir de uno u otro modo. En Venus existen estas condiciones y ahora puede decirse con seguridad que han contribuido ya a la aparición de la vida vegetal; pero no puede afirmarse con certeza si esa vida ha adquirido otras formas conocidas por nosotros.
— Pero si allá existen estas formas, ¿podremos descubrirlas?
— Depende de Kamov y de usted — contestó Paichadze —. Cuanto más se acerque nuestra nave a la superficie del planeta y cuanto mejor logren fijar en las películas todo lo visto, tanto más fácil será contestar su pregunta.
Inquirí cuánto tiempo nos quedaríamos dentro de la atmósfera de Venus.
— No más de diez a doce horas — contestó Kamov —. Quisiera — añadió, dirigiéndose a Belopolski— llevar la nave de tal manera como para penetrar en la atmósfera por la línea del terminador y atravesar toda la mitad diurna. Si la rotación del planeta es efectivamente tan lenta como se supone, no se necesitarán más de diez horas. Puede ocurrir que las densas nubes lleguen hasta la superficie del planeta y nos encontremos en una espesa neblina, lo que nos obligará a quedarnos en la atmósfera de Venus sólo el tiempo justo que el fotógrafo requiera para sus tomas. Usted — añadió volviéndose hacia mí— tiene que estar listo para tales circunstancias, pues tendrá que fotografiar en rayos infrarrojos y tratar de que la capa de neblina que nos separa de la superficie sea lo más delgada posible.
