Uno tras otro desfilaron por la mente de Hapgood los cuadros de esa larga lucha con el constructor ruso. Hasta ese momento tenía la supremacía. Ahora, Hapgood tenía la última oportunidad de resarcirse de todas las derrotas anteriores. ¡Acaso era posible rechazar esta oportunidad por cuidarse la salud!

«Aunque yo quede mutilado por el resto de mi vida — pensó —, esta vez usted será batido, Mr. Kamov!»


El nombre de Charles Algernon Hapgood era muy popular en los Estados Unidos. Ingeniero de talento y célebre teórico de astronáutica, era el constructor del primer cohete estratosférico del mundo con reactor atómico.

Al realizar con este cohete el vuelo trasatlántico, superando así todos los récords de velocidad logrados hasta entonces (el vuelo se cumplió en una hora y quince minutos), se hizo célebre en el mundo entero. En su conferencia de prensa dada después de esa travesía, declaró que en su próximo vuelo traspasaría los límites de la atmósfera terrestre.

Los diarios norteamericanos lo llamaron «Capitán Astral», a lo que contestó un ingeniero soviético aún desconocido, Kamov, en un artículo en homenaje al éxito del constructor norteamericano, diciendo que el título era algo prematuro.

— Formalmente, tiene razón — dijo Hapgood en su charla con un corresponsal, cuando éste le preguntó cómo pensaba responder a esa frase —. Pero la travesía trasatlántica se diferencia en poco del vuelo a la Luna. No hay más que un paso entre un cohete estratosférico y una astronave, y pronto lo he de dar.

Así pensaba Charles Hapgood, pero la realidad fue otra y el primer paso en la conquista de los espacios interplanetarios no lo dio él, sino aquel ingeniero Kamov cuya observación recordaba tan bien, entre el coro de loas y los artículos elogiando su hazaña.

Desde aquel momento empezó entre ellos la pugna por la primacía en los viajes interplanetarios.



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