— Quien no arriesga no vence — replicó Bayson.

Era un muchacho alto, fornido, no muy buen mozo pero de cara simpática. Un típico joven norteamericano de la clase media, aficionado a los deportes.

Hapgood quedó muy satisfecho: era justamente el compañero que precisaba.

— Yo también seré sincero — dijo —. Tengo como meta principal vencer a Kamov. — Bayson asintió con la cabeza —. Para poder batirlo con seguridad tuve que disponer una aceleración hasta cuarenta metros por segundo. No le quiero ocultar que eso es peligroso para los tripulantes.

El rostro del periodista no expresó ninguna preocupación al oír estas palabras.

— Poco entiendo de estas cosas — dijo con seductora simplicidad —. Usted me dice que es peligroso. Le creo. Pero si usted puede enfrentarse con este peligro, ¿por qué no he de hacerlo yo también?

— Bueno, si es así, estoy encantado de tener semejante compañero de viaje — exclamó Hapgood alegremente, dándole un fuerte apretón de manos.

— ¿Cuándo piensa despegar?

— A fines de agosto.

— ¿Por qué no antes?

— Porque hay que esperar que Marte esté en posición favorable, pues es hacia allá adonde quiero volar.

— ¡Entonces esperaremos! No falta mucho — contestó Bayson.

VENUS

16 de setiembre de 19…

El 15 de setiembre quedará por siempre grabado en nuestra memoria. Ese día atravesamos la capa de nubes que envuelve a Venus. Levantóse ante nosotros la cortina misteriosa que ocultaba la superficie del planeta. Lo que se escondía bajo las espesas nubes y parecía hasta hace tan poco inaccesible a la mirada terrestre, se presentó ante nuestra vista. Y la imparcial película grabó todo lo visto…

Nos acercamos a Venus el 14 de setiembre, cerca de las 12 horas.



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