— ¿Cuánto tiempo durará la expedición?

— ¿Cuánto supone usted?

— Supongo que un año o dos.

Kamov se puso a reír.

— La técnica atómica se desarrolla con mucha rapidez. Teniendo en cuenta que el primer vuelo a la Luna nos llevó dos días y el segundo un solo día, puede decirse que hemos dado un gran paso adelante. Toda la expedición ha sido calculada para 225 días, es decir 7 meses y medio.

— ¡Tan poco…!

— Durante estos 7 meses y medio cruzaremos una distancia un poco superior a los 500 millones de kilómetros. La velocidad promedio de la nave será de 102.600 kilómetros por hora.

— Parece un cuento de hadas.

— Esta velocidad no es tan grande como le parece, — dijo Kamov —. La técnica logra velocidades suficientes para permitir el vuelo a cualquier planeta sin que haya que atenerse a una fecha fija, pero nuestra astronave tiene que fijarse un itinerario puesto que su velocidad es inferior a la de la Tierra en su órbita. Es decir que, en caso contrario, no podríamos alcanzarla de vuelta.

— Me parece que estos 102.600 Kms. son ya una enormidad. En tres horas estarán cerca de la Luna. En dos segundos la nave quedará invisible desde la Tierra.

— No — dijo Kamov —. Si arriesgáramos semejante velocidad desde el principio, la nave continuaría su vuelo con una tripulación muerta. El organismo humano no puede soportar semejante aceleración. Empezaremos el vuelo con relativa lentitud y sólo a los 23 minutos y 46 segundos se alcanzará la velocidad máxima de 28.500 metros por segundo. Y recuerde que la velocidad de la Tierra en su órbita es de 29,76 Km. por segundo.

Enumeraba esas cifras abrumadoras con un aire tan imperturbable, como si se tratara de un paseo en automóvil.



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