Sentí una puñalada de ansiedad cuando advertí con cuánta rapidez desaparecía el puente de mi vista, y con qué velocidad éramos arrastradas hacia el centro del río. La corriente me inmovilizaba las piernas mientras yo intentaba patalear, y mis botas inundadas pesaban como bloques de cemento.

Miré hacia la orilla e intenté nadar desesperadamente con la mano libre. Entonces comprendí que no sería capaz de salvar a Ellie. No era una nadadora lo bastante fuerte.

Podría mantenernos en la superficie si me esforzaba al máximo. Pero nada más. ¿Cuánto duraría eso? Tarde o temprano, Ellie podía morir, porque yo no sería capaz de evitar que tragara agua hasta ahogarse.

Además, si mal no recordaba, no tardaríamos en llegar al aliviadero, cerca del embalse del puente de Stone Arch. Era, de lejos, el sitio más peligroso de la zona. Yo había oído comentar que alguien había caído una vez allí y había logrado sobrevivir. También recuerdo una expresión que escuché en relación con el suceso: «de chiripa».

Podía abandonar a Ellie y nadar hasta la orilla con mi deplorable crowl y sobrevivir; también podía quedarme con ella y esperar a que las aguas nos tragaran.

Creo que no fue una decisión voluntaria. De hecho, fueron mis brazos helados los que se negaron a soltar la carga. Comenzamos a hundirnos. Tragué agua y emergí tosiendo. En el cielo vi que una nube que anunciaba lluvia iba escondiendo el sol, que doraba todavía sus bordes.

«¡Por dios, qué hermoso!»Y en ese instante, en la periferia de mi visión, algo me llamó la atención. Era un barco, un remolcador, para ser más precisa, aunque no llevaba ninguna barcaza a rastras.

Ese día, Ellie y yo tuvimos mucha suerte: la tripulación del remolcador estaba atenta y advirtió nuestra presencia; fue una suerte que su poderoso motor pudiera remontar la corriente y posibilitar así el rescate.



11 из 271