
– ¿Eso fue todo lo que hablaron acerca de la agresión?
Kowalski lo sabía. Había leído las declaraciones.
– Sí.
– De modo que usted no llegó a formularle pregunta alguna.
– No.
– ¿Se presentó usted en esas circunstancias como agente de la ley?
– Siempre soy una agente de la ley.
– Es verdad -repuso Kowalski-. De todos modos, usted se encontraba en casa de la víctima por motivos sociales, ¿no es así?
– Sí.
– ¿Usted y la señora Brown se veían a menudo fuera del trabajo y se consideraban amigas?
– Sí.
– Entonces ¿vio usted a Kamareia Brown muchas veces en calidad de amiga de su madre?
– Sí.
– ¿De modo que al ver que la señora Brown se hallaba demasiado afectada decidió usted acudir al hospital con su hija porque se consideraba más «tranquila»? Ello me indica que su propósito principal era calmar a Kamareia Brown y reconfortarla. ¿Es así?
– Mi principal objetivo era evitar que Kamareia estuviera sola.
Se lo estaba poniendo difícil.
– ¿En ningún momento le hizo recordar su posición de agente de la ley?
– Kamareia creció rodeada de…
– Por favor, limítese a contestar mi pregunta.
– No, no lo hice.
Kowalski hizo una nueva pausa, esta vez indicaba un cambio de dirección.
– Señorita Pribeck, el conductor de la ambulancia que llevaba a Kamareia Brown dijo que su propósito había sido durante todo el tiempo darle ánimos. De hecho, atestiguó que le oyó decir: «Te pondrás bien» en dos ocasiones. ¿Es cierto?
– No recuerdo si lo dije en dos ocasiones.
– Pero sí por lo menos a una vez: «Te pondrás bien».
Mis ojos se cruzaron con los de Kilander y comprendí que el caso iba a ser sobreseído. Kilander sabía muy bien lo que aquella pregunta significaba.
– Sí.
Genevieve, testigo potencial, había sido exonerada de asistir a esta audiencia. Agradecí que ella no estuviera allí.
