¿Qué clase de comportamiento debía esperarse de una sociedad madura? ¿La mortalidad como un estilo de vida de libre elección? Kabe conocía la respuesta de su propio pueblo. Era una locura, una infantilidad, irrespetuosa con uno mismo y con la propia vida; una especie de herejía. Él, sin embargo, no estaba tan seguro, lo que podía significar que llevaba allí demasiado tiempo, o, simplemente, que estaba manifestando la empatía terriblemente promiscua hacia la Cultura que había ayudado a atraerlo allí en primer lugar.

De aquella forma, meditando sobre el silencio, la ceremonia, las modas y su propio lugar en la sociedad, Kabe llegó a la ornada pasarela que discurría desde el muelle hasta la extravagante e iluminada barcaza ceremonial de madera dorada, la Soliton. Allí, la nieve estaba plagada de pisadas, cuyo rastro conducía al acceso subterráneo de un edificio cercano. Obviamente, el raro era él, que disfrutaba caminando sobre la nieve. Pero Kabe no vivía en aquella ciudad; en su hogar nunca había nieve o hielo, con lo que aquello era toda una novedad para él.

Justo antes de subir a bordo, el homomdano levantó la vista hacia el cielo nocturno, para ver una bandada de grandes aves blancas, formando una uve y volando en silencio por encima de su cabeza, sobre las jarcias de la embarcación, en dirección al interior desde el litoral del mar Alto. Las vio desaparecer tras los edificios, se sacudió la nieve del abrigo, agitó su sombrero y subió a bordo.


* * *

Es como las vacaciones.

¿Vacaciones?

Sí. Vacaciones. Antes significaban lo opuesto a lo que ahora significan. Casi lo opuesto exacto.

¿A qué te refieres?

Oye, ¿esto se come?

¿El qué?

Esto.

No sé. Muerde a ver.

Pero se acaba de mover.

¿Se ha movido, dices? ¿Cómo? ¿Por voluntad propia?



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