Por supuesto repuso. Te sigo.

Gracias dijo el dron, flotando hacia la zona de popa mientras ascendía para observar por encima de las cabezas de la gente reunida en el espacio de funciones. La máquina viró de un lado al otro, indicando claramente que estaba buscando algo o a alguien. En realidad dijo, nos falta quórum… Ah. Ya estamos. Por aquí, embajador Ischloear.

Se acercaron a un grupo de humanos agrupados en torno al mahrai Ziller. El chelgriano medía tanto de largo como Kabe de alto, y estaba cubierto de pelo, que se difuminaba desde el blanco del rostro hasta el marrón oscuro de la espalda. Tenía constitución corporal de depredador, con grandes ojos penetrantes y amplias mandíbulas. Sus patas traseras eran largas y fuertes. Una cola de rayas entrelazada con una cadena de plata se escondía entre ellas.

Donde sus lejanos ancestros habían tenido dos patas medias, Ziller tenía una sola extremidad, parcialmente cubierta por un chaleco oscuro. Sus brazos eran muy similares a los de un humano, aunque estaban recubiertos de pelo dorado y terminaban en grandes manos de seis dedos, que más bien parecían pezuñas.

En cuanto él y Tersono se unieron al grupo que rodeaba a Ziller, Kabe se encontró atrapado por otro balbuceo de conversación confusa.

Claro que no sabes a lo que me refiero. No tienes contexto.

Absurdo. Todo el mundo tiene un contexto.

No. Se tienen entornos o situaciones. Esto no es lo mismo. Tú existes. Eso no se puede negar.

Vaya, pues gracias.

Claro. De lo contrario, estarías hablando contigo mismo.

Estás diciendo que, en realidad, no vivimos, ¿no es eso?

Depende de lo que se entienda por vivir. Pero sí, digamos, que sí.



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