Se aseguró de que las nubes tapasen la luna, se colocó un par de guantes de látex con almohadillas reforzadas en las yemas de los dedos y en las palmas, preparó la linterna y volvió a respirar a fondo. Al cabo de un minuto salió de los arbustos y se dirigió con sigilo hacia la puerta trasera. Se quitó las botas cubiertas de barro y las depositó junto a la puerta. No quería dejar indicios de su visita. Los buenos investigadores privados son invisibles. Lee sostuvo la linterna bajo el brazo mientras introducía la ganzúa en la cerradura de la puerta y activaba el dispositivo.

Empleaba el aparato, por un lado, para ganar tiempo y, por otro, porque no había forzado suficientes cerraduras como para ser un experto al respecto; una ganzúa tradicional requería una práctica constante que dotase a los dedos del grado de sensibilidad necesario para detectar la proximidad de la línea del cilindro, el sutil descenso del instrumento a medida que las clavijas de la cerradura comenzaban a saltar. Empleando una ganzúa tradicional, un cerrajero experto forzaría la cerradura mucho más deprisa que Lee con el dispositivo. Era todo un arte y Lee conocía sus limitaciones. Al poco, notó que el pestillo se des-corría.

Cuando abrió la puerta, el pitido del sistema de seguridad rompió el silencio. Lee encontró rápidamente el teclado de control, marcó los seis números y el pitido se detuvo de inmediato. Mientras cerraba la puerta tras de sí pensó que ya se le podría acusar de haber cometido un delito grave.


El hombre bajó el rifle, y el punto rojo que emitía la mira láser del arma desapareció de la ancha espalda de un inadvertido Lee Adams. El hombre que sostenía el arma era Leonid Serov, un ex agente del KGB especializado en asesinatos. Serov se había quedado sin trabajo tras la disolución de la Unión Soviética. Sin embargo, su habilidad para matar a seres humanos con suma eficacia estaba muy solicitada en el mundo «civilizado». Serov, que había disfrutado durante muchos años de una excelente situación como comunista, con coche y apartamento propios, se había hecho rico de la noche a la mañana en la sociedad capitalista. ¡Si lo hubiera sabido!



18 из 391