
* * *
A las siete, Savannah se encontraba ya en su habitación, lo cual podría haberme preocupado, pero ella solía desaparecer después de la cena casi todas las noches -antes de que yo tuviera tiempo de pedirle que me ayudara a quitar la mesa- y se pasaba las siguientes horas en su cuarto haciendo sus tareas escolares, que alguna vez incluían llamadas de noventa minutos a sus compañeros de estudios. Tareas de grupo en casa… ¿Qué podía decir yo?
Cuando supe que Savannah estaba en su dormitorio, volví a centrar mi atención en la carta. Exigía mi presencia en una reunión que se llevaría a cabo a la mañana siguiente a las diez. Hasta entonces, no podía hacer otra cosa que no fuera esperar. Detestaba eso. A las siete y media decidí que tenía que hacer algo, cualquier cosa.
Al menos tenía una pista. La carta era de un abogado llamado Cubrid Sandford, que trabajaba en Jacobs, Sandford y Schwab, en los Ángeles. Extraño. Muy extraño, ahora que lo pensaba. Tener un abogado en Los Ángeles sería lógico para alguien que viviera en California, pero Leah era de Wisconsin.
Yo sabía que Leah no se había mudado; había hecho averiguaciones discretas dos veces por semana en su destacamento. Con «destacamento» me refiero a su comisaría. No, no estaba presa… aunque había motivos para ello. Leah era ayudante del sheriff. ¿La ayudaría eso en su recurso de custodia…? No tenía sentido preocuparme por ese detalle hasta saber más.
» De nuevo me centré en el abogado de Los Ángeles. ¿Podría tratarse de una estratagema? Quizá este caso no era en realidad un caso legal. Tal vez Leah había inventado la existencia de ese abogado con el recurso de situarlo en una ciudad enorme y lo más lejos posible de Massachussets, y dio por sentado que yo no lo investigaría.
