Las referencias más tempranas acerca de las brujas auténticas demuestran que se las valoraba por sus habilidades curativas y mágicas, pero en la Europa medieval las mujeres con esos poderes eran vistas con creciente recelo. Al mismo tiempo, el valor de los hechiceros comenzó a incrementarse cuando los aristócratas competían por tener sus propios «magos» privados. Las brujas no necesitaban lanzar hechizos con pronósticos meteorológicos para saber de qué lado soplaba el viento y crearon para ellas un papel nuevo en ese nuevo orden mundial.

Hasta ese momento, los hechiceros sólo podían lanzar hechizos sencillos utilizando movimientos de las manos. Las brujas les enseñaron a aumentar su poder añadiendo otros elementos para ese fin: conjuros, pócimas, objetos mágicos, etcétera. A cambio de esas enseñanzas, las brujas les pidieron a los hechiceros que se unieran a ellas en una alianza ventajosa para ambos. Si un noble quería que le ayudaran a derrotar a sus enemigos, consultaba a un hechicero, quien transmitía ese deseo a las brujas. Juntos, efectuaban los hechizos apropiados. Después, el hechicero regresaba junto al caballero y cobraba su recompensa. A su vez, el hechicero aseguraría el sostén económico de las brujas y las protegería con su dinero y su posición social. El sistema funcionó durante siglos. Los hechiceros ganaron poder tanto en el mundo de los humanos como en el sobrenatural, al tiempo que las brujas ganaron seguridad, protección e ingresos seguros.

Entonces llegó la Inquisición.

Los hechiceros fueron uno de los primeros blancos de la Inquisición en Europa. ¿Cuál fue su reacción? Nos traicionaron. ¿Los inquisidores querían herejes? Los hechiceros les dieron brujas. Libres de las restricciones morales impuestas por los Aquelarres, los hechiceros se dedicaron a una magia más poderosa y más oscura. Mientras las brujas morían quemadas en la hoguera, los hechiceros hicieron lo que mejor sabían: volverse más ricos y poderosos.



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