
– ¿Está segura de que es así? -preguntó Sandford.
– La práctica de la hechicería es una religión aceptada por el Estado. No pueden discriminarme por mis creencias religiosas. Debería haber hecho sus deberes, abogado.
– Claro que los hice.
Sonrió y, después, los dos abandonaron la sala.
Las furias descienden
Los seres sobrenaturales caminamos sobre una línea muy, muy delgada en el mundo de los humanos. Las reglas y leyes humanas con frecuencia tienen poco significado en nuestra vida. Tomemos, por ejemplo, el caso de Savannah: una muchacha joven, una bruja inmensamente poderosa, perseguida por facciones sombrías que matarían por atraerla a su lado mientras ella todavía es joven y maleable. Con su madre muerta, ¿quién la protegerá? ¿Quién debería protegerla? El Aquelarre, desde luego; nuestras hermanas brujas pueden ayudarla a utilizar y controlar su poder.
Ahora mirémoslo desde la perspectiva de las leyes y los servicios sociales de los humanos: una chica de trece años, sin su madre, entregada a una tía abuela que jamás había visto, quien a su vez se la pasa a una mujer con quien no tiene ningún parentesco y que apenas ha terminado la universidad. Tratad de presentaros ante un juez y de explicarle esas circunstancias.
Para el resto del mundo, Eve sólo se encontraba ausente, y seguiría estándolo, puesto que nadie podría encontrar jamás su cuerpo. Esto había hecho que fuera más fácil tomar la custodia de facto de Savannah porque, técnicamente, yo sólo cuidaría de ella hasta que su madre regresara. Mientras proporcionara a Savannah un buen hogar, a nadie se le ocurriría alegar que yo debería entregarla a los servicios sociales para que entrara en el sistema de adopción. Sin embargo, siendo sincera, yo no estaba segura de si mi alegato tendría o no suficiente peso en un juzgado.
