
La perspectiva de librar una batalla con un semidemonio telequinético, si bien algo desalentadora, entraba para mí dentro de lo comprensible. Pero, ¿librar una batalla legal? La educación que había recibido no me preparaba para una cosa semejante. Así que, enfrentada a este juicio por la custodia de Savannah, como es natural elegí investigar, no el aspecto legal, sino el aspecto sobrenatural, comenzando por informarme sobre las Camarillas.
Había oído hablar de las Camarillas, pero mi madre siempre les restó importancia. Según ella, eran en el mundo sobrenatural el equivalente del cuco, una verdad a medias que había sido distorsionada de modo desproporcionado. Aseguró que no eran importantes. Que no eran importantes ni para las brujas ni para el consejo interracial sobrenatural.
Como líder del Aquelarre, mi madre también había presidido el consejo interracial y, como futura heredera, yo había asistido a las reuniones desde que tenía doce años. Algunos genios comparaban el consejo con algo así como una versión sobrenatural de las Naciones Unidas. No es una mala comparación. Al igual que la ONU, se supone que nuestra misión es mantener la paz y terminar con la injusticia en nuestro mundo. Por desgracia, y del mismo modo que su homólogo humano, nuestro poder radica más en una reputación casi mítica que en la realidad.
No hace mucho yo misma oí por casualidad a mi madre discutir con Robert Vasic, un compañero del consejo, acerca de la importancia de las Camarillas. En aquellos días, Robert actuaba como un asesor del consejo, ya que había cedido sus responsabilidades como delegado a Adam, su hijastro, quien, igual que Robert, era un semidemonio. Aunque Robert aseguraba que estaba retirándose de la actividad por cuestiones de salud, yo sospechaba que se sentía frustrado por lo limitada que era la influencia del consejo y su incapacidad para luchar contra el auténtico mal de nuestro mundo. En la discusión que escuché, trataba de convencer a mi madre de que debíamos prestar más atención a las Camarillas. Ahora, de pronto, yo me inclinaba a darle la razón.
