Cuando llegué a casa llamé a Robert, pero no tuve respuesta. Robert era también profesor de Demonología en Stanford, así que traté de localizarlo en su despacho y le dejé un mensaje en el contestación Después estuve a punto de marcar el viejo número de Adam antes de recordar que se había mudado de vuelta a su casa el mes anterior, tras inscribirse en Stanford para hacer un nuevo intento de obtener su título de licenciatura.

Adam era un año mayor que yo y también había asistido a las reuniones del consejo desde su adolescencia, con el fin de prepararse para su papel de delegado. Hemos sido amigos desde entonces, sin contar nuestro primer encuentro, donde lo llamé «tonto de remate» y él me quemó literalmente por ello, dejándome unas marcas que me duraron semanas. Con eso pueden hacerse una idea de qué tipo de semidemonio se trata.

Después me preparé para una llamada mucho más difícil: debía hablar con Margaret Levine. Si Leah y Sandford hablaban en serio del juicio por custodia, tendrían, forzosamente, que ponerse en contacto con ella. Yo debería haber pensado en ello el día anterior, pero mi reacción instintiva fue no decírselo a las Hermanas Mayores.

Aún no había terminado de marcar aquel número de teléfono, cuando Savannah salió de su habitación con el inalámbrico en la mano.

– ¿Has llamado a Adam? -preguntó.

– No, a Robert. ¿Cómo lo sabes?

– He marcado la rellamada.

– ¿Por qué estás revisando los números que he marcado?

– ¿Le has contado a Adam lo de Leah? Apuesto que a él le gustaría reencontrarse con ella. Oh, ¿y qué me dices de Elena y Clay? También vendrían si se lo pidieras. Bueno, Clay no lo haría. No si tú se lo pidieras. Pero Elena sí y él la acompañaría-. Se dejó caer en el sofá, junto a mí-. Si volviéramos a reunidos a todos, podríais armar un buen lío, como en la época del complejo, ¿recuerdas?



28 из 369