– También lo son miles de madres en este país -dije yo-. Se llama Wicca, y es una elección religiosa reconocida.

– Eso no es lo que nosotras somos, Paige. No mezcles las cosas.

– No lo estoy haciendo. Cualquiera que lea ese recurso de custodia dará por sentado que con «bruja» quieren decir «Wiccana».

– No me importa a qué conclusión lleguen. Lo que me importa es proteger el Aquelarre. No permitiré que nos expongas a ningún peligro.

– ¡Es eso! Por supuesto. Ahora lo comprendo. Por eso ella me acusa de hechicería. No porque piense que ganaré el juicio. Lo que quiere es asustarnos con lo que más teme una bruja: con quedar expuesta. Nos amenaza con eso y vosotras me obligáis a renunciar a Savannah.

– Un pequeño precio a pagar…

– Pero no podemos dejar que Leah gane. Si su estrategia triunfaba, la volverán a usar. Cada vez que un sobrenatural quiera algo del Aquelarre, recurrirá a la misma treta, -Victoria vaciló.

Yo me apresuré a continuar.

– Dame tres días. Después de eso, te prometo que no volvería a oír nada más acerca de brujas en East Falls. Al cabo de un momento, Victoria asintió.

– Tres días.

– Me queda sólo otra cosa que decirte. Y te lo cuento no porque lo crea sino porque no quiero que te enteres a través de otra persona. Dicen que el padre de Savannah es un hechicero.

– No me sorprendería. Hay algo decididamente extraño en esa muchacha.

– No hay nada… -empecé a decir, pero enseguida me interrumpí-. Pero no es posible, ¿no es así? ¿Que una bruja y un hechicero tengan una hija?

– ¿Cómo quieres que lo sepa? -respondió Victoria.

Al oír a Victoria contestarme de tan mal modo pensé en cómo habría respondido mi madre. Por muchas preguntas que le hiciera o por tontas que parecieran, ella siempre encontraba tiempo para contestármelas o para buscar una respuesta. Reprimí la oleada de pena que sentí y seguí adelante.



32 из 369