
– No importa. Ellos no tienen argumentos de peso…
– ¿Así que Leah ha conseguido un abogado y todo? ¿Qué es él? Apuesto a que se trata de un hechicero.
– Sí, pero no tienes por qué preocuparte.
– A mí no me asusta ningún hechicero. Ni ningún abogado. ¿Sabes una cosa? Deberíamos contratar uno.
– Justamente estaba pensando en llamar al señor Cary.
– Me refería a un abogado hechicero. Realmente son muy buenos en lo suyo. Los mejores abogados son hechiceros. Bueno, hasta que envejecen y se transforman en políticos. Eso era lo que decía siempre mamá.
Esa conversación podría ser el principio perfecto para seguir indagando en la paternidad de Savannah, bastaba con preguntarle algo parecido a «¿tu madre conocía a muchos hechiceros?». Por supuesto no se lo pregunté. Jamás pregunto nada acerca de Eve. Si a Savannah le apetecía decírmelo, ya lo haría.
– Las brujas no suelen trabajar con hechiceros -dije.
– Oh, por favor, eso solo sirve para las brujas del Aquelarre. Una bruja auténtica trabaja con cualquiera capaz de ayudarla. Un abogado hechicero podría sernos muy útil, siempre y cuando lo eligiéramos cuidadosamente. La mayoría son verdaderos imbéciles y no quieren tener nada que ver con brujas, pero mamá conocía a algunos que sí llevarían un caso como éste si les pagáramos lo suficiente.
– Yo no pienso contratar a un hechicero. Prefiero un abogado humano.
– No seas estúpida, Paige. No puedes…
– ¿Por qué no puedo? Ellos no se lo esperan. Si tomo un abogado humano, Leah tendrá que llevar adelante su recurso de manera exclusivamente legal. Si quieren acogerse a las leyes de los humanos, que lo hagan. Les seguiré el juego.
Ella se recostó en los cojines del sofá.
– Tal vez esa idea no sea tan estúpida como parece.
– Me alegra que la apruebes.
¡
* * *
La mañana del viernes arrancó con una sensación muy familiar. Una vez más, decidí mantener a Savannah en casa, fuera del colegio, cogí sus libros y sus deberes, la llevé a casa de Abby y después me fui al bufete de Cary para otra reunión a las diez en punto.
