
– Muy bien -dijo Cary al pasar la última página-. Esto es, ciertamente, bastante inusual.
– Yo… Bueno, puedo explicarlo -dije… ¿realmente podía hacerlo?
– Deja que adivine -me interrumpió Cary-. En realidad tú no eres una bruja, simplemente es una estratagema para obtener la custodia de Savannah con el recurso de sacar a relucir un elemento incómodo del pasado de East Falls y aprovechar la paranoia histórica de esta región de Nueva Inglaterra.
– Sí, claro -respondí-. Algo así.
Cary se echó a reír.
– No te preocupes, Paige, es un plan muy transparente, imaginado por personas sin mucha idea del Massachussets actual. Dices que ese tal Kristof Nast no tiene ninguna prueba de que es el padre de Savannah. Pero supongo que estará dispuesto a someterse a un análisis de ADN, ¿no?
– ¿ADN?
– Su palabra no es suficiente en este asunto.
Por supuesto que no. Éste era un tribunal humano, que se regía por reglas humanas. Cualquier sobrenatural sabía que no podíamos correr el riesgo de que los humanos estudiaran nuestro ADN, pero para un juez era una prueba tan común que rehusar someterse a ella equivaldría a reconocer que se trataba de un fraude.
– Él no querrá someterse a una prueba de ADN -dije.
Cary levantó las cejas.
– ¿Estás segura de lo que acabas de decirme?
– Absolutamente -respondí y sonreí-. ¿Eso es bueno?
Cary se echó hacia atrás en su sillón y se rió.
– Es mejor que bueno. Es maravilloso, Paige. Si el cliente de Sandford se niega a someterse a una prueba de ADN, no tiene ninguna posibilidad de ganar el juicio. Me ocuparé de que así sea.
– Gracias.
– No me agradezcas nada todavía -dijo él-. Aún no has visto la cuenta de mis honorarios.
Soltó una sonora carcajada tras su gastada broma y, como yo me sentía de buen humor, también me eché a reír. Pasamos los siguientes treinta minutos discutiendo el caso. Después nos preparamos para la reunión que mantendríamos con Leah y Sandford. No les había dicho que Cary me representaría. Ellos creían que tendrían una conversación privada solamente conmigo.
