– ¿Detalles? Pero si todo ha terminado…

– Eso esperamos, pero es necesario prever cualquier complicación posible, Paige. Le diré a Lacey que nos vamos.


Acorralada

Cary y yo caminamos juntos hasta la pastelería Melinda's, en la calle State. Incluso para los estándares de una gran ciudad, Melinda's era una pastelería de primer nivel. Solamente por el café que allí se servía ya resultaba tolerable vivir en East Falls. ¿Y los bollos? Si alguna vez lograba persuadir a las Hermanas Mayores a que nos permitieran mudarnos de allí, seguro que todas las semanas acabaría yéndome hasta East Falls para comer sus bollos con pasas.

Habría preferido una mesa junto a la ventana, pero Cary eligió una al fondo del local. Es verdad que ni en la calle principal de East Falls tiene demasiada gracia ver pasar a la gente, y puesto que estábamos conversando de asuntos confidenciales, entendí que Cary eligiera un sitio más privado.

Cuando nos sentamos, él señaló mi bollo.

– Me alegra ver que no eres una de esas chicas que siempre está a dieta. Me gustan las mujeres que no temen parecer mujeres.

– Aja.

– Hoy en día, muchas mujeres están tan flacas que uno no sabe si son chicas o muchachos. Tú eres diferente. Estás tan… -su mirada descendió hacia mi pecho-… bien dotada. Y es agradable ver a una joven que todavía usa faldas y vestidos.

– Dime, ¿crees que abandonarán el caso?

Cary agregó tres pequeños envases de crema a su café y lo removió antes de responder.

– Estoy razonablemente seguro -dijo-. Pero todavía me quedan algunas cosas más que hacer.

– ¿Como qué?

– Papeleo. Hasta en el caso más sencillo siempre hay papeleo. -Bebió un sorbo de su café. -Ahora bien, supongo que quieres saber cuánto te va a costar esto.

Sonreí.

– Bueno, no puedo decir que esté impaciente por saberlo, pero debería. ¿Tienes una cifra aproximada?



39 из 369