– ¿Lo ves? -Dijo Victoria-. Precisamente a eso me refería. Esta actitud tuya…

– Creía que hablábamos de la actitud de Savannah.

– Justamente. A eso me refiero. Yo estoy tratando de hablarte de un problema serio y tú me sales con una gracia. Con esta frivolidad tuya nunca llegarás a ser una líder del Aquelarre.

Reprimí las ganas de recordarle que, desde la muerte de mi madre, yo era una líder del Aquelarre. Si lo hubiera hecho, ella me habría «recordado» que yo era una líder sólo de nombre, y nuestra conversación habría pasado de irritante a desagradable en un abrir y cerrar de ojos.

– Savannah es responsabilidad mía -dije-. Vosotras, las Hermanas Mayores, lo habéis dejado bien claro.

– Tenemos buenas razones para ello.

– Ya, que la madre de Savannah practicaba magia negra. Oh, qué miedo. Bueno, ¿sabes una cosa? Lo único que da miedo de ella es lo rápido que está creciendo y lo pequeña que se le queda enseguida la ropa. Es una criatura, una adolescente normal y rebelde, no una bruja dedicada a la magia negra. Le dijo a Brit que podía prepararle una pócima. ¡Qué pecado tan grande! Te apuesto diez contra uno a que ni siquiera sabría cómo hacerlo. Seguro que lo único que quería era lucirse o escandalizarnos. Es típico en los adolescentes.

– La estás defendiendo.

– Por supuesto que la estoy defendiendo. Nadie más lo hará. La pobrecita pasó un verano infernal. Antes de morir, mi madre me pidió que cuidara de Savannah…

– Al menos, eso fue lo que esa mujer te dijo.

– Esa mujer es amiga mía. ¿No te parece lógico que mi madre me pidiese que cuidara de Savannah? Desde luego que sí que lo es. Ése es nuestro trabajo: proteger a nuestras hermanas.

– No si con ello corres el riesgo de ponernos en peligro.

– ¿Desde cuándo es más importante…?

– No tengo tiempo para discutir contigo, Paige. Habla con Savannah o lo haré yo..



7 из 369