
– Pensaba que ellas le odiaban.
Sacudí mi cabeza. – Por lo visto no.
La razón sobre las hermanas, quedó clara unos minutos después, cuando Gunning anunció su llegada.
No sabía qué aspecto tenía el primo Charles, pero ahora… bien, digamos que cualquier dama le encontraría agradable. Su cabello era grueso y un poco ondulado, incluso a través de la sala pude ver que sus pestañas eran ridículamente largas. Su boca era del tipo que siempre parecía como si estuviera a punto de sonreír, y que en mi opinión, era el mejor tipo de boca que se podía tener.
No estoy diciendo que yo sintiera cualquier otra cosa excepto interés cortés, pero las hermanas Brougham estaban peleando entre ellas para ser la que estuviera en su brazo.
– Dulcie, – mi madre dijo, caminando hacia ellas con una sonrisa de bienvenida. – Y Antonia. Y Sarah. – Ella respiró. – Y Cordelia, también. Que sorpresa tan agradable veros a todas vosotras.
Es un testamento hacia mi madre como anfitriona que ella sonaba la más contenta.
– Nosotras no podíamos dejar al primo Charles venir por si mismo. – Dulcie explicó.
– Él no conoce el camino, – agregó Antonia.
No podía tener un viaje más simple, uno en el que sólo había que cabalgar hasta la aldea, girar a la derecha en la iglesia y continuar otra milla hasta nuestra entrada.
Pero no dije esto. Yo, sin embargo, miré al Mr. Brougham con cierta simpatía. No habría podido ser un viaje entretenido.
– Charles, querido, – estaba diciendo Dulcie, – esta es Lady Crane, y la Miss Amanda Crane.
Hice una reverencia, preguntándome si iba a tener que subir en ese carruaje con todas ellas. Esperaba que no. Si hacia calor aquí dentro, sería horroroso dentro del carruaje.
– Lady Crane, Amanda, – Dulcie continuó, – mi querido primo Charles, Mr. Farraday.
Levanté mi cabeza por esto. Mi madre tenía razón, su nombre no era Brougham. Oh querida, ¿eso quería decir que estaba relacionado con Mrs. Brougham? Yo encontraba a Mr. Brougham el más prudente de los dos.
