
Le conté todo esto a Mr. Farraday. Fue la cosa más extraña. No tengo ni idea de porqué hablé tanto y porqué dije tanto. Pensé que debía ser porque él era un oyente extraordinario, excepto que él me dijo más tarde que no lo era, que de hecho era un oyente terrible y generalmente interrumpía demasiado a menudo.
Pero él no lo hizo. Él escuchó, y yo hable, después yo escuché, y él habló, y me contó de su hermano Ian, con su belleza angelical y sus modales corteses. Como todo el mundo le adulaba, incluso cuando Charles era el mayor. Como Charles nunca podría odiarle, porque, con todo lo que había sido dicho y hecho, Ian era un hombre bastante bueno.
– ¿Todavía quiere ir a dar un paseo?, – pregunté, cuando noté que el sol había empezado a bajar en el cielo. No podía imaginar cuanto tiempo habíamos estado parados allí, hablando y escuchando, escuchando y hablado.
Para mi gran sorpresa Charles dijo que no, que en su lugar fuéramos a caminar.
Y lo hicimos.
Más tarde esa noche todavía hacia calor, incluso después de la cena, y salí al exterior. El sol se había hundido bajo el horizonte, pero todavía no estaba en total oscuridad. Me senté en las escaleras del patio trasero, hacia el oeste, así podía mirar los últimos matices de la luz del día girando del lavanda al purpura y al negro.
Me gustaba ese momento de la noche.
Me senté allí durante un largo tiempo, bastante, hasta que las estrellas comenzaron a aparecer, bastante tiempo de modo que tuve que abrazar mis brazos sobre mi cuerpo para resguárdame del fresco. No había traído un mantón. Supongo que no había pensado en que estaría sentada fuera durante tanto tiempo. Estaba a punto de irme cuando oí a alguien acercarse.
Era mi padre, en su camino de vuelta desde su invernadero. Sostenía una linterna y sus manos estaban sucias. Algo en su mirada me hizo sentirme una niña otra vez. Era un oso grande de hombre, y antes de que se casara con Eloise, antes cuando él parecía no saber lo que decir a sus propios hijos, el siempre me hacia sentir segura. Era mi padre, y él me protegería. No necesitaba decirlo, yo sólo lo sabía.
