
Comenzó a notar un dolor de cabeza molesto y se llevó los dedos a las sienes.
– Es una broma -repitió con la voz ronca-.Tiene que ser una broma de alguien.
Fijó la mirada en aquella guapa mujer que quizá no fuera una espía industrial, pero que estaba cometiendo un delito igualmente. La señaló con el dedo, aunque consiguió mantener la voz a un volumen controlado.
– Y no me voy a reír si aún estás sentada ahí cuando vuelva.
Con aquello, Trent se levantó y salió por la puerta de su despacho.
– Espera…
Pero él no le prestó atención, sino que siguió caminando por el pasillo y estuvo a punto de chocarse con su ayudante.
– Lo siento, Claudine. Lo siento.
Ella se quedó mirándolo con asombro.
– ¿Trent? ¿Qué te pasa?
Nada. Todo. No podía ser cierto. Miró a su alrededor, intentando encontrar algo en lo que concentrarse. Propuestas. Informes. Hojas de cálculo. Los detalles de trabajo que siempre habían llenado su vida.
Pero no pudo ver otra cosa que bebés sonrientes, niños desaparecidos y secuestrados. Esperanzas que no habían llegado a nacer.
Entonces sintió un movimiento tras él y supo que no podía quedarse allí ni un minuto más. No podía verse de nuevo frente a la mujer que le había hecho pensar en todo aquello. Se dirigió hacia las escaleras y le dijo a Claudine:
– Tómate el resto de la tarde libre. Te lo mereces.
– ¡No! ¿El matón de la empresa me da tiempo libre? ¿Y se va a casa antes de que acabe la jornada?
Él no tuvo corazón para devolverle el insulto. Pero aquello estaba bien, ¿no?
Después de todo, los corazones no eran más que una maldita molestia.
Capítulo 2
Después de un largo día en el hospital, Rebecca llegó a su casa y se encontró con que Trent Crosby la estaba esperando en la puerta. No había vuelto a saber nada más de él desde el día anterior, cuando había salido de su despacho sin expresión en la cara, y ella se había atrevido a esperar que las cosas continuaran así.
