Bien. Confuso por aquel comentario, él la vio morderse el labio inferior y sintió una súbita fascinación por su boca. Tuvo que obligarse a apartar la mirada de sus labios y de su pelo castaño y suavemente ondulado y se sentó tras su escritorio. Decidido a librarse de ella y a seguir con su día de trabajo, se fijó en la etiqueta de identificación del Hospital General de Portland que llevaba prendida a la blusa del uniforme.

– Bien, Rebecca Holley, enfermera diplomada, tengo mucho que hacer. ¿Cuál es el motivo de tu visita?

Ella se sentó frente a él y volvió a morderse el labio.

– Es un poco difícil de explicar…

Sin embargo, para conmoción de Trent, ella consiguió explicarle lo que había ocurrido con frases breves. Un lío en Children's Connection. Su esperma. Su embarazo. Durante toda aquella explicación, lo único que pudo hacer Trent fue mirarla fijamente, aturdido.

Increíble.

Increíble y abrumador.

Cuando ella se quedó callada, él se dio cuenta de que esperaba una respuesta por su parte.

– Mis hermanas te han pedido que me gastes esta broma. Es un poco tarde para el Día de los Inocentes, pero…

– No bromearía con algo así -le dijo ella secamente, irguiendo la espalda-.Yo no haría bromas con mi bebé.

Bebé. Bebé.

Los recuerdos se le agolparon en la mente. Sus hermanas cuando eran unas bebés regordetas y sonrientes. La adoración infantil hacia él en los ojos de su hermano pequeño. El tremendo horror que había sentido a los nueve años, el día en que Robbie Logan había sido secuestrado mientras jugaba en el jardín de su casa. Y veinte años más tarde, la sensación de ahogo y de pánico cuando había sabido que su propio sobrino había sido secuestrado.

Y después, aquella sensación de mareo y de náuseas en la consulta de Children's Connection, cuando su esposa había admitido por fin que el único problema de fertilidad que ella tenía era él. Que no había dejado de tomar la píldora anticonceptiva durante aquellos años porque no quería tener un hijo con él, ni estar casada con él durante más tiempo.



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