Obviamente, él sabía que le ocurría algo. Hizo ademán de continuar, pero ella levantó una mano.

– Te agradezco tu ayuda y apoyo, no creas que no, pero… dame este fin de semana, ¿vale?

Aquello no pareció complacerlo.

– Tus padres han hecho intercambio con una pareja irlandesa. ¿Te vas a quedar en la casa de Beanie en el lago?

– ¿Tú lo sabes todo, agente Winter? Beanie me ha ofrecido…

– ¿Cuándo?

– He pasado por su despacho después del trabajo.

Mackenzie no dio más explicaciones. No había mencionado el mensaje de Rook, pero Bernadette debía haber percibido que algo iba mal e inmediatamente la había invitado a quedarse en su casa del lago.

Nate pasó la punta de su zapatilla deportiva por el borde inferior de la mochila de Mackenzie, como si ésta pudiera entregarle algunos de los secretos de la joven.

– No te voy a sermonear.

– Te lo agradezco.

– Sólo llevas seis semanas aquí. Si pareces distraída…

– No lo estoy. El lunes a primera hora volveré a estar en mi mesa persiguiendo fugitivos.

Nate la observó un instante.

– Sarah quiere que vengas a cenar -sonrió un poco-. Tiene una receta nueva de asado que quiere que pruebes.

Su esposa, nativa de Tennesse, era famosa por sus asados del sur. Mackenzie sonrió.

– Mientras haga tartitas de albaricoques fritos de postre, que cuente conmigo.

Nate empezó a decir algo, pero se interrumpió.

– Está bien. Guardaré mi pólvora por el momento y te veré la semana que viene.

Mackenzie respiró hondo, sin saber si debía presionarlo para que dijera lo que callaba. ¿Conocía su historia con Rook? Posible pero improbable. No le había dicho a Nate que salía con él; no porque lo ocultara, sino porque no había surgido el tema.

Aun así, Rook era un agente del FBI y Nate llevaba tiempo allí y conocía a todo el mundo.

– Nate… -se interrumpió, pues decidió que no tenía sentido contarle unas cuantas citas con un hombre que acababa de dejarla-. Gracias por pasarte.



12 из 192