
Lo que quedaba de sus vestiduras daba fe de que se trataba del hábito de un religioso, aunque no había indicio alguno del crucifijo, del cinturón de piel o de la taleguilla que habría llevado un peregrinus pro Christo.
El que iba a la cabeza de los viajeros había acercado su mula para observarlo con un gesto de terror en su blanco rostro. Otro miembro del grupo, una de las dos mujeres, condujo su montura algo más cerca y dirigió al cadáver una mirada firme. Cabalgaba sobre un caballo, lo que quería decir que no era una religiosa corriente, sino una mujer de posición. Sus rasgos pálidos no reflejaban ningún asomo de miedo, simplemente una mezcla de repulsión y curiosidad. Se trataba de una mujer joven, alta pero bien proporcionada, un hecho que apenas ocultaba su vestimenta oscura. Por debajo de la toca asomaba algún que otro mechón de su cabellera pelirroja. Los rasgos de su blanco rostro no carecían de atractivo; sus ojos eran brillantes, y no era fácil discernir si eran azules o verdes, pues tendían a cambiar de color con facilidad según su estado emotivo.
– Alejaos, sor Fidelma -murmuró agitado su compañero-. Ésta no es una visión digna de vuestros ojos.
La mujer a la que se había referido como sor Fidelma hizo una mueca de disgusto ante el tono preocupado de esta afirmación.
– ¿Y de quién es digna, hermano Taran? -repuso. Entonces, acercando su caballo aún más al cadáver, observó-: Nuestro hermano no lleva muerto mucho tiempo. ¿Quién puede haber hecho algo tan horrible? ¿Eh, Robbers?
El hermano Taran meneó la cabeza.
– Estamos en un país extraño, hermana. Ésta es sólo mi segunda misión aquí. Han pasado ya treinta años desde que empezamos a traer la palabra de Cristo a esta tierra olvidada de Dios, pero todavía quedan muchos paganos que profesan poco respeto a nuestro hábito. Deberíamos marcharnos lo antes posible: quienquiera que haya hecho esto debe de andar por los alrededores. La abadía de Streoneshalh no puede estar muy lejos, y tenemos la intención de llegar antes de que el sol se esconda tras aquellas colinas. -Se estremeció ligeramente.
