
– El padre de Chloe nos ha propuesto llevarnos a cenar y a ver una película.
– De acuerdo.
No tenía ningún interés particular, lo preguntaba sólo por curiosidad.
La expresión de Allyson se relajó de inmediato, y Page esbozó una sonrisa.
Algunas veces los hijos eran más previsibles de lo que ellos creían, aunque la tarea de crecer no estaba exenta de dolor.
Incluso en un hogar corriente, feliz, cada momento y cada plan encerraban su nota de angustia.
No era nada fácil.
– ¿Qué película? -Page metió la carne en el microondas para descongelarla.
Prepararía algo sencillo.
– No lo hemos hablado.
Hay tres que tengo ganas de ver, y aún está pendiente Woodstock, que se exhibe en el Festival.
Su padre nos ha invitado a cenar en Luigi's.
¡ Qué amable!.Vais a divertiros mucho.
Page dispuso en un bol unas patatas fritas y, mientras lavaba la lechuga, miró a su hija por encima del hombro.
Sentada muy tiesa en una banqueta frente al mostrador de la cocina, era una auténtica preciosidad.
Parecía una modelo.
Tenía unos inmensos ojos castaños, como Brad, el cabello dorado de su madre y una tez que se volvía de color miel en cuanto la tocaba el sol.
Sus piernas eran largas, bien torneadas, y tenía cintura de avispa.
No era raro que últimamente la gente, sobre todo los hombres, se detuvieran a su paso.
Page le había comentado a Brad que en ciertos momentos le gustaría colgarle un cartel advirtiendo que sólo tenía quince años.
Hasta los adultos de treinta se giraban en plena calle para mirarla.
Y es que aparentaba fácilmente dieciocho o veinte años.
– El señor Thorensen es un verdadero encanto sacando de paseo a dos niñatas el sábado por la noche.
– No tiene nada mejor que hacer -dijo Allyson con un acento pueril que provocó la risa de Page.
Desde luego, estos adolescentes tienen el don de devolvernos a la realidad y recordarnos nuestras carencias y limitaciones", pensó.
