
Entonces cambió de tema, pasando a uno de importancia más inmediata.
— No hay ningún río en este valle…
Naturalmente, puesto que ninguno llega al mar — replicó Beedee.
Ni hay charcas o balsas, pese a haber mucha vegetación. Y la cantimplora empieza a estar vacía. ¿Alguna sugerencia práctica?
— Desde el mar se veía nieve en lo alto de los acantilados. Aquí, la temperatura está muy por encima del cero. Por tanto, tiene que haber algo de agua cerca del borde, aunque sólo sea esporádicamente. Examinemos más atentamente la base del acantilado; la información geológica será útil de todos modos.
Faivonen se abstuvo de todo comentario y echó a andar hacia la parte más próxima del valle. Ya sabía que había sido excavado en roca sedimentaria, fina arenisca, cuyo actual nivel elevado sobre el mar implicaba muchas cosas respecto a las fuerzas de Medea. Al pie de los acantilados había, inevitablemente, guijarros. Estaban depositados en forma de U cerca de la bahía, contorneando el valle, lo cual indujo a los exploradores a deducir una formación glaciar anterior. Un examen más atento reveló sólo un material muy fino que parecía haber sido traído por el viento. Ahora, lejos ya de la bahía, la redondez persistía e incluso estaba exagerada; el acantilado, al menos en este lado, parecía ligeramente minado.
Lejos de las paredes del valle, la tierra parecía granito muy fino. Más cerca, contenía rocas cuyo tamaño aumentaba a medida que el acantilado iba quedando más lejos. Las partes rocosas expuestas al aire estaban muy redondeadas por la erosión.
El suelo era muy seco, a pesar de la abundante vegetación. Faivonen arrancó algunas plantas muy pequeñas y vio que sus raíces no eran profundas. Beedee estuvo de acuerdo conque debía haber un buen suministro de agua en la superficie o cerca de ella, puesto que las plantas mostraban la capacidad normal de almacenamiento de agua.
