
Los dos globos habían derivado hacia el valle; el viento había cambiado finalmente de dirección, y todo ello podía ser un fenómeno de las mareas, como Sullivan había supuesto al acercarse con el Fahamu a esta región. Beedee se mostró de acuerdo en que tal cosa era bastante posible. Pero no quiso arriesgarse a hacer una predicción.
— Si esto es realmente una corriente de la marea, y entra en este valle por sus dos extremos, la anchura del valle, la altura de sus paredes y la dimensión de las áreas con vida, es algo importante. En el extremo que da al mar, el depósito de suministro es efectivamente infinito, pero no hemos observado aún los demás factores. Suponer que el valle conserva su actual anchura y altura en toda su longitud no sirve de nada en tanto no se sepa la longitud de las demás variantes. Yo puedo tratar esto matemáticamente, como un tubo de órgano de un corte seccional con una fuerza inductora del período de un día de Medea, pero…
— Olvídalo — le interrumpió Faivonen, que era un matemático perfecto como todos los seres humanos, pero conocía la futilidad de intentar seguir los cálculos de Beedee.
Guárdate tus ideas y comprobaremos su exactitud cuando hayamos ascendido un poco más por este tubo de órgano. ¿No es ésta una planta nueva?
— No. Es bastante común en alguna de las islas próximas al ecuador. Es la primera vez que la veo tan al norte. Claro que la latitud significa mucho menos que la longitud, en lo que respecta al clima.
La última frase llegó tras una leve pausa, como una idea repentina.
Si, lo estoy olvidando todo. Y has sido muy diplomático al conversar como si también lo hubieras olvidado; aunque no necesitaba realmente esta clase de enfriamiento. Sé cómo funciona tu cerebro.
¿Y te ofende? He observado que los seres humanos se sienten mas a gusto cuando empleo artimañas dialécticas.
— Bueno… no, no. Yo sólo deseaba no perder tiempo si nos metíamos en algún apuro.
